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Carrito

EL ASTRONAUTA DE PALENQUE

Por 30 julio, 2018 diciembre 3rd, 2018 Reflexiones misteriosas
EL ASTRONAUTA DE PALENQUE

Hay lugares que atraen de una forma particular, puede que sea por su ambiente, por el sonido que les envuelve o porque despiertan algo muy especial en nuestro interior, Palenque es uno de ellos. Allí entre las viejas piedras cercadas por la selva, la luz es otra y es otro el aroma. No resulta difícil sentir la misma emoción que hace 1500 años sentían los sacerdotes astrónomos cuando, cada atardecer, contemplaban desde lo alto de la torre cómo el Sol era devorado por el monstruo de la Tierra.

En una de las construcciones más importantes de Palenque, una pirámide de gradas llamada “El Templo de las Inscripciones”, debido a que en los dos lados de la entrada hay 620 inscripciones o glifos. Pero no es el críptico mensaje lo que hace a esta pirámide tan especial y visitada, sino algo más escondido y enigmático.

En 1949 se descubrió que una de las losas del vestíbulo tenía 12 manchas circulares dispuestas simétricamente que escondía bajo ella unos escalones que conducían a las profundidades de la pirámide. Tras liberar la escalera de escombros se encontró una cámara en donde se hallaron seis esqueletos teñidos de color rojos. Los restos de seis adolescentes pertenecientes a la nobleza maya. ¿Por qué ese sacrificio?

El 15 de junio de 1952 se descubrió otra cámara con el techo terminado en bóveda en donde nueve personajes pintados sobre el estuco de la pared montaban guardia desde hacía 1300 años, protegiendo el sueño de alguien que descansaba bajo una losa labrada de 5 toneladas.

Hasta ese momento los arqueólogos habían afirmado rotundamente que las pirámides mejicanas, a diferencia de las egipcias, no tenían tumbas. Se habían equivocado. El Templo de las Inscripciones de Palenque sí tenía una y la pesada losa que la cubría parecía ofrecer en sus bajorrelieves un retrato del personaje que estaba debajo. Un hombre en extraña postura que curiosamente daba la impresión de estar pilotando una pequeña nave, un vehículo que recuerda a los cohetes espaciales, El Astronauta de Palenque.

Bajo dicha losa yacía un esqueleto perteneciente supuestamente a un rey de Palenque llamado K´inich Pakal, cuyo rostro estaba cubierto por una máscara de jade con pupilas de obsidiana que escondía aún muchos más misterios. En resumen la tumba contenía los restos de un hombre que no encajaba ni anatómicamente, ni socialmente, ni cronológicamente con quien, según las inscripciones, debiera estar enterrado allí. Probablemente ni siquiera era maya.

Por el tamaño de la losa, mucho mayor que el del pasadizo ascendente y por otros detalles, es evidente que primero fue hecha la tumba y luego sobre ella se edificó la pirámide. Un personaje enterrado mucho tiempo atrás a quien se rindió tributo posteriormente. ¿Quién fue aquel hombre?