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Carrito

Es inevitable que al escuchar la palabra nuclear nuestras defensas se activen y nuestro nerviosismo se ponga en alerta, más aún cuando ésta va acompañada por el sustantivo pánico, guerra, o cualquier otro que despierte el temor de una destrucción planetaria que podría llegar a acabar, incluso, con la humanidad.

Nadie ha borrado jamás de su memoria la imagen del conocido hongo nuclear generado por la deflagración de las partículas atómicas que las armas nucleares, utilizadas en 1945 en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, en Japón, en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, provocaron una gran desolación y el fallecimiento de miles de personas.

A día de hoy, y debido al desgarrador escenario bélico generado por la invasión de tropas rusas a territorio Ucraniano, los fantasmas de una guerra nuclear planean sobre las mentes de la comunidad internacional, provocando que los miembros de las fuerzas armadas de la OTAN y de los Estados Unidos se pongan en alerta ante una posible amenaza de este tipo de armamento.

La Guerra Nuclear, parece haber abandonado el plano cinematográfico o de novelas de ciencia ficción para convertirse en una amenaza que, si bien todavía no es completamente real, empieza a escucharse entre algunos medios de comunicación.

Afortunadamente existen varios tratados internacionales que prohiben el uso de este tipo de armamento de gran poder de devastación y muerte. Hasta la fecha solo han habido dos ataques de forma unilateral con este tipo de bombas y, pese a la antigüedad y el poco potencial de las mismas, dejaron más de doscientos mil muertos, así como un gran número de heridos y damnificados.

Una guerra nuclear actual podría suponer la práctica destrucción de la humanidad debido a que en la actualidad el potencial de las armas nucleares generaría la práctica extinción de la raza humana así como de la mayoría de las especies que habitan en la tierra, y que provocaría un cambio climático generado de la radiación y que sufrirían las consecuencias de un invierno nuclear.

Este hecho provocaría que los pocos supervivientes que sobreviviesen a un lamentable acontecimiento de tales características se viesen obligados a reconstruir el planeta bajo condiciones realmente adversas como podrían ser las lluvias ácidas, la extinción o mutación de gran parte de la fauna.

Una investigación llevada a cabo por el SGS o programa de Ciencia y Seguridad Global afirma que una guerra nuclear tendría en pocas horas más víctimas que la Segunda Guerra Mundial, llegando a poder aumentar el número hasta los noventa millones de personas.

 

 

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